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Puedo empezar
Tengo ya preparadas las respuestas  para las entrevistas periodísticas que me hagan en la prensa radio y tele. 

Querrán saber qué opino y cómo soy, 
me mostraré ingenioso  y espontaneo. 
Tengo ya preparadas unas listas  de personalidades muy importantes e incluso redactados ya los textos, muy agudos,  de las dedicatorias. 

Tengo ya preparadas las metáforas  que servirán como brillante ejemplo o síntesis que aclare lo que exponga. 
Y tengo preparada mi postura,  al sentarme o de pie, tono de voz, expresión de los ojos y la boca. 
Todo está preparado.
Todo a punto,
Puedo empezar pues a escribir mi libro.
Albert Pla. Supone A Fonollosa

Nuestro Demiurgo

El Demiurgo

Nuestro narrador es un viejo Demiurgo, omnisciente, crítico y burlón. Encerrado en su cueva, moviendo los hilos de la historia, con el regusto de ver sufrir a sus muñecos de barro, y la mala baba recalcitrante que da saber que nunca verá la realidad, solo las sombras que vislumbra en la húmeda piedra de su cueva.
Es un viejo, sucio, lleno de harapos, crítico con la sociedad y con el hombre, casi ciego. Lleva siglos sin salir de su caverna, y se complace en hacer figuritas de barro, ponerles nombres  y hacerles sufrir… a veces los estruja…

los amputa… los destruye… a veces se ríe de ellos… otras veces los comprende… llora con ellos… otras, los hace grandes… se siente orgulloso de sus creaciones… pero al final siempre acaba aplastando esos trozos de barro con nombres. Los funde en esa gran masa de barro primigenia y vuelve a empezar…

En los inicios del hombre, el demiurgo es un genio ordenador. En el principio había una masa caótica, desordenada, informe, indeterminada, etc., y también estaba el demiurgo, el cual miró esta masa y pensó: «¿qué puedo hacer con ella? No sé lo que voy a hacer, pero haga lo que haga lo voy a hacer bien». Después ideó una a una las cosas que iba a hacer y de acuerdo con su idea las fue haciendo.

Luego llegó una figurita de barro, que lo cambió todo, Platón…

Platón nos cuenta que el demiurgo se compadece de la materia y copia en ella las ideas, obteniendo con ello los objetos que conforman nuestra realidad. De esta forma explicaba la separación entre el mundo de las ideas que son perfectas y el mundo real (material) que, siendo imperfecto, participa como una copia de la perfección.

Los gnósticos dan un paso más, para terminar de hundir el viejo creador…

Platón

El Universo era para los gnósticos una gradación, desde lo más sutil (Dios) hasta lo más bajo (la materia). Así el demiurgo como creador y ordenador del mundo material, se convierte en encarnación del mal, aprisionando a los hombres y encadenándolos a las pasiones materiales. 

El espíritu es la única parte de divinidad que le corresponde al ser humano, librando éste una "batalla" permanente frente al cuerpo y lo material, transformando así la tierra en el infierno, entendiendo por infierno no el concepto del Hades o del inframundo, sino, simplemente, el lugar más alejado de Dios. Tan solo la sophia, la sabiduría, la gnosis, llega por amor, desde lo sutil hasta la tierra para librar al ser humano de la esclavitud de la materia. La salvación no es una cuestión de creencia o de piedad divina, sino que se convierte en una revelación, sólo posible para aquellos que aún no han perdido del todo lo poco de divinidad que todos los seres humanos poseen. 

Luego llegó el cristianismo, convirtiendo a nuestro viejo narrador en un becerro diabólico, guardián del infierno y serpiente pecaminosa que representa todo lo malo y material de los hombres…

Georg Wilhelm Friedrich Hegel

Hegel, de noble barro teutón, convierte en demiurgo el proceso del pensar, al que transforma en fuerza independiente y divinizada. El demiurgo es la fuerza creadora, la inteligencia suprema.
Hasta que llega un judío descastado, hecho con la peor sustancia, para ponerlo todo patas arriba…

Carlos Marx, el indigente filósofo exiliado, nos dice: “Mi método dialéctico –dice Marx– no sólo difiere del hegeliano en su fundamento, sino que viene a ser su directa oposición. Para Hegel, el proceso del pensamiento, que él transforma, bajo el nombre de idea, hasta en un sujeto independiente, es el demiurgo (creador) de lo real, que sólo constituye su manifestación exterior. Para mí, por el contrario, lo ideal no es otra cosa que lo material trasladado a la cabeza humana y en ella transformado”.

Karl Marx

Millones de humanos alienados por las palabras de aquel judío se embarcan en una matrix materialista, en donde nuestro viejo narrador no pinta nada… Lo que lo lleva a la locura…

Aún más, cuando comprueba que con la industria, sus formas de arcilla son sustituibles por máquinas, cada vez más avanzadas…

El alma de este gran monstruo, mezcla de tendones, músculos, metal y circuitos informáticos, es la ciencia como "cerebro social": un saber que se pone a trabajar y que mueve a los miembros cibernéticos de la máquina social. Porque el saber que pone en movimiento a la producción no puede ser entendido como el saber que el trabajador tiene en sí mismo. Como si dijésemos que el saber es el del ingeniero en informática que desarrolla el software que mueve al robot. El saber como fuerza de trabajo se ha independizado de los individuos y se encuentra más bien metido en las redes y computadoras que animan al mundo.

Las consecuencias de esto son, por un lado, que esta máquina animada por el saber es, en realidad, un monstruoso cyborg-proletario, y, por el otro, que el trabajador individual, con su cuerpo orgánico individual, queda fuera de su órbita acostumbrada de vida. Así lo dice Marx: "En el maquinismo, para el trabajador el saber es algo extraño, externo, y, a la par que el trabajo vivo se subsume al trabajo objetivado, dotado de plena independencia, el trabajador se convierte en algo superfluo, a no ser que su trabajo sea reclamado por las necesidades [del capital]".

Nuestro narrador, el viejo Demiurgo, cansado y defenestrado, comienza una loca carrera hasta su propia autodestucción…

Al fin toma conciencia, de que tiene que crear una criatura del barro primigenio que acabe con él… Que lo mate…

Y elige a Antonio Baselga para esta desagradable tarea…

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